
En estos últimos días, el país asiste a una serie de allanamientos dispuestos por la justicia federal en casos de investigación por corrupción pública.
La vision del fiscal bajando de un helicóptero se repite al cansancio, en el marco de una actuación muy urgente y confidencial que fuera revelada públicamente hace casi dos semanas.
Sin embargo, hay un océano de pruebas de las que mucho se habla y son más efectivas que los relatos de personas algo peculiares. Se trata de la prueba digital. Es impensable que cualquier fraude público o privado se haya realizado sin dejar rastros en computadoras, servidores propios o externos, redes sociales- o satélites. Con voluntad real de investigar, siempre habrá correos electrónicos que analizar, disco rígidos para preservar, celulares, tablets, GPS y fotocopiadoras que analizar.
No vayamos a pensar que los crímenes financieros de este momento se descubren caminando por los campos.
