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El ciberataque para el que nadie está protegido

29/06/2017 06:25 PM Comentario(s) Por Foresenics

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En los últimos meses, Golan Ben-Oni ha sentido que grita hacia el vacío. El 29 de abril alguien atacó a su empleador, IDT Corporation, con dos ciberarmas que le fueron robadas a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por su sigla en inglés).

Ben-Oni, el director de información global del IDT, pudo repelerlas pero el ataque lo dejó consternado. En 22 años de lidiar con hackers de todo tipo, nunca había visto nada parecido. ¿Quién estaba detrás de eso? ¿Cómo pudieron evadir todas sus defensas? ¿Cuántos más habían sido atacados pero no estaban conscientes de eso?

Desde entonces, Ben-Oni ha expresado su preocupación llamando a cualquiera que lo escuche en la Casa Blanca, el Buró Federal de Investigación (FBI, por su sigla en inglés) y las compañías más importantes de ciberseguridad para advertirles sobre un ataque que aún podría estar dañando invisiblemente a víctimas por todo el mundo.

Dos semanas después de lo sucedido en IDT, el ciberataque conocido como WannaCry causó estragos en hospitales de Inglaterra, universidades de China, sistemas ferroviarios de Alemania e incluso plantas automotrices de Japón. Sin duda fue muy destructivo.

Sin embargo, lo que Ben-Oni atestiguó fue mucho peor y, con todas las miradas puestas en la destrucción causada por WannaCry, pocas personas se han fijado en el ataque contra los sistemas de IDT… y otros similares que seguramente se han producido en otros lugares.

El ataque a IDT, un conglomerado cuyas oficinas centrales tienen una gran vista del horizonte de Manhattan, fue similar a WannaCry en un sentido: los hackers encriptaron los datos de IDT y exigieron un rescate para desbloquearlos. No obstante, la exigencia del rescate solo fue una cortina de humo para ocultar un ataque mucho más invasivo que se robó las credenciales de los empleados.

Con esas credenciales, los hackers podrían haber circulado libremente por la red informática de la empresa, llevándose información confidencial o destruyendo los equipos.

Lo peor es que el ataque, que nunca antes se había reportado, no fue detectado por algunos de los productos de ciberseguridad líderes en Estados Unidos ni por los principales ingenieros de seguridad de las compañías tecnológicas más grandes ni por los analistas gubernamentales de inteligencia.

Si no hubiera sido por una caja negra digital que grabó todo lo que sucedió en la red de IDT, y por la tenacidad de Ben-Oni, el ataque pudo haber pasado inadvertido. Los escaneos realizados a las dos herramientas usadas en contra de IDT indican que la empresa no está sola. De hecho, las mismas armas de la NSA tuvieron acceso ilegal a decenas de miles de sistemas de cómputo en todo el mundo.

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